miércoles, 30 de septiembre de 2009

Reflejos


Los reflejos forman parte de nuestra vida diaria, aunque la mayoría de las veces no reparamos en ellos. Estamos acostumbrados a convivir entre miles de objetos reflectantes que nunca, o casi nunca, nos paramos a contemplarlos.


Muchas veces nos quedamos en los superficial de lo que ha ocurrido, no indagamos las causas o motivos que han hecho que tal o cual sea así, es más fácil criticar que ponernos en el lugar de los demás.


Buscar reflejos en la ciudad, en casa o en las personas permite atisbar esa parte espiritual que nos apacigua o que nos enfurece. El reflejo permite sacar a la superficie ese "otro lado" que está oculto a nuestros ojos.


Podemos ver lo maravilloso del mundo a través de los reflejos ya que crean composiciones atractivas que nos recuerdan que la belleza puede estar escondida detrás de cualquier esquina.


A las personas nos gusta vernos en el espejo, porque podemos presentarnos de diferentes maneras: disfrazados, maquillados, naturales, recien levantados, etc.


La ciudad se refleja de forma diferente en cada lugar. Con la fotografia podemos conservar ese instante único que nos muestra una plaza, un edificio o una persona de forma especial.


miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mil fotos

Las personas, los animales, los objetos, etc son parte de nuestra vida. Fotografiar permite inmortalizar aquellos que nos sorprende, nos agrada o nos repugna. Podemos quedarnos esa imagen para nosotros o compartirla con los demás.

Es la primera vez que he cogido una cámara durante tanto tiempo. La he examinado, he preguntado e incluso he mirado en Internet. No se me había pasado por la cabeza la infinidad de posibilidades que tiene una cámara de fotos.

Hacer un gran número de fotos permite que te puedas mimetizar con la cámara, que deje de ser una máquina y que forme parte de ti. Introducirnos en un mundo aparte en el no todo vale, donde el esfuerzo y la curiosidad se ven recompensados.

Hacer esta práctica me ha vuelto a enseñar que siempre hay algo nuevo que aprender y, sobre todo, que hay que aprovechar las oportunidades para ver el mundo y conocerlo. Saber donde mirar y aportar nuestra visión personal de la realidad.

Un árbol cualquiera


Fotografiar un árbol. Fotografiar un árbol. Fotografiar un árbol... Esas tres palabras se han repetido en mi cabeza durante varios días. A simple vista parece bastante fácil. Pero, ¿qué árbol tengo que fotografiar?



Según la Real Academia Española un árbol es una planta perenne, de tronco leñoso y elevado, que se ramifica a cierta altura del suelo. No hay que ser muy listo para que nosotros mismos averigüemos esa definición. Todo el mundo sabe distinguir un árbol.



Estuve bastante tiempo pensando dónde encontrar uno que fuera interesante, extraño o que tuviese alguna historia. En definitiva, que no fuera una planta de tronco leñoso cualquiera.


Al principio pensaba que encontraría árboles exóticos traídos de otros continentes, pero tonta de mí, esto es Pamplona. Aquí hace frío.


Pensé y repensé, maldije Pamplona y sus parques tan verdes y abundantes, donde yo sólo veía árboles aburridos.



Fue precisamente un día que decidí ir al casco viejo para pasar la tarde e intentar convencerme de que septiembre aún es verano, cuando hice un descanso en la Vuelta del Castillo. Teníamos cerveza, hacia sol y nada que hacer. Verano.



Entonces comencé a mirar desde otro punto de vista. Lo cotidiano o simple puede llegar a ser excitante si dejamos de lado la espectacularidad de la cosas y nos centramos en lo que son por si mismas.


Al final di con mi árbol. Estaba ahí, en mitad del parque, precediendo una gran pradera verde.